Al final, como imaginaba, tuve que ir a buscar el maldito router. Lo último que me dijeron en el teléfono de atención de Zeleris, fue que habían pasado el sábado a entregar el paquete y ¡¡éste había sido rechazado!!!
Increíble, no había nadie en casa, pero un fantasma les debió abrir la puerta y decir que no, que no quería instalar una ADSL…
Total, el lunes como me apremiaba, me hice los 120 km de ida y vuelta, pagué la autopista y perdí unas dos horas de trabajo.
Llego al polígono industrial y tengo que dar un par de vueltas hasta encontrar la nave, no hay ningún cartel ni nada que indique que en ella está ubicada la empresa. Es más, desde fuera parece que la nave no está ocupada. Una persona apila paquetes en una esquina de una nave vacía y con aspecto de medio montar o desmontar.
Le pido el paquete, me lo da. Le pido el libro de reclamaciones y me dice que es cosa de la jefa que está al llegar. Allí nadie quiere asumir responsabilidades, me pasan con alguien que por teléfono me dice que la reclamación se la debo hacer a Telefónica ya que es quien paga el envío, durante la conversación me dicen que:
- No es verdad que en mi zona se reparta solo por las mañanas.
- El repartidor de mi zona, ¡es el mejor con el que cuentan! (sic)
- Nadies es capaz de dar una explicación al paquete supuestamente rechazado en mi domicilio
Al llegar a casa abro una segunda reclamación con Telefónica.
¿Llegaremos algún día a tener un mercado de telecomunicaciones realmente liberalizado y maduro o seguiremos siendo la república bananera de las telecomunicaciones de por vida?